- Controlar las apps recién instaladas en segundo plano mejora rendimiento, batería y datos móviles.
- Android ofrece ajustes nativos (apps, batería y opciones de desarrollador) para limitar procesos.
- Las capas de fabricante añaden funciones propias para suspender, bloquear o hibernar aplicaciones.
- Un uso equilibrado de estos controles evita cierres excesivos y mantiene las notificaciones importantes.

Si cada vez que instalas una aplicación nueva notas que el móvil empieza a ir más lento, que la batería se derrite y los datos vuelan sin explicación, lo más probable es que tengas un buen puñado de apps trabajando a escondidas. Android está pensado para la multitarea, sí, pero cuando se acumulan demasiados procesos por detrás, hasta el móvil más moderno empieza a resoplar.
Controlar qué hace cada app cuando no la estás usando es clave para que tu teléfono siga yendo fino. Evitar que las apps recién instaladas se ejecuten en segundo plano no consiste en cerrarlo todo a lo loco, sino en aprender a usar bien las herramientas que trae Android: ajustes de aplicaciones, batería, opciones de desarrollador e incluso alguna app de terceros si quieres hilar fino.
Qué es exactamente que una app se ejecute en segundo plano
Cuando abres una aplicación y luego cambias a otra, lo habitual es que la primera no desaparezca del todo, sino que permanezca en memoria con parte de su actividad activa. Así, cuando vuelves a ella, se abre al instante y sigues justo donde lo dejaste, sin tener que cargar todo desde cero.
Este comportamiento es la base de la multitarea de Android, pero tiene una contrapartida: las apps en segundo plano siguen ocupando RAM, pueden usar CPU y conectarse a Internet para sincronizar datos o mandar notificaciones. Es decir, aunque tú no las veas, el sistema sigue trabajando para ellas.
Algo parecido pasa en otros sistemas como Windows, donde hay programas que continúan activos aunque cierres la ventana principal. En Android, además, el sistema es bastante agresivo gestionando la memoria: decide qué cierra y qué mantiene vivo según sus algoritmos, aunque no siempre coincide con lo que a ti te interesa conservar.
El problema se agrava con muchas aplicaciones modernas (redes sociales, mensajería, correo, almacenamiento en la nube, apps de compras…), ya que están diseñadas para seguir funcionando en segundo plano y enviarte avisos en tiempo real. Si instalas varias y las dejas a su bola, tu móvil acaba lleno de procesos innecesarios que penalizan rendimiento, batería y datos.
Por eso es tan importante, sobre todo con las apps recién instaladas, tener claro cuáles necesitas realmente que estén activas por detrás y cuáles no. Controlar este detalle marca la diferencia entre un Android fluido y uno que va a trompicones todo el día.
Por qué conviene vigilar las apps recién instaladas en segundo plano
No es cuestión de vivir obsesionado cerrando todo cada dos por tres, pero sí merece la pena poner orden en las apps nuevas que se van sumando al móvil. Cada instalación añade posibles servicios en segundo plano, y eso siempre tiene un impacto más tarde o más temprano.
Hay varios motivos claros para controlar especialmente las apps recién instaladas:
- Rendimiento: cuantas más aplicaciones se queden corriendo por detrás, más memoria RAM ocupan y más tarda el sistema en cambiar entre apps o abrir nuevas.
- Batería: procesos que despiertan el procesador, que usan la red o que mantienen servicios activos gastan energía aunque no toques el móvil.
- Datos móviles: algunas apps pueden sincronizar fotos, vídeos, copias de seguridad o contenido sin parar y consumen datos sin que te des cuenta.
- Notificaciones invasivas: cada nueva app en segundo plano es una fuente potencial de avisos, globos, sonidos y banners que pueden volverte loco si no pones límites.
Aun así, hay que tener presente que Android está pensado para gestionar la memoria de forma automática. Forzar el cierre masivo de todas las apps de manera compulsiva puede ser incluso contraproducente: el sistema tendrá que relanzarlas desde cero cada vez que las necesites, con el consiguiente gasto de energía extra.
La clave está en aplicar criterio: se trata de detectar qué apps recién instaladas no aportan nada funcionando en segundo plano y cortar ahí, respetando aquellas que sí requieren actividad continua, como mensajería, correo o banca.
Cómo ver qué aplicaciones se están ejecutando en segundo plano
Antes de empezar a bloquear a ciegas, te interesa saber con detalle qué se está ejecutando en tu Android y cuánta memoria está consumiendo cada app. Para este diagnóstico, la herramienta más potente es el menú oculto de Opciones de desarrollador.
En la mayoría de móviles Android puedes activarlo así (los nombres pueden cambiar según la marca, pero la idea es la misma):
- Abre Ajustes > Información del teléfono (o «Información del dispositivo»).
- Localiza el apartado Número de compilación.
- Pulsa varias veces seguidas (normalmente siete) hasta que el sistema te indique que has activado las opciones de desarrollador.
Una vez habilitado, vuelve al menú principal de ajustes y entra en Opciones de desarrollador. Dentro suele haber un apartado llamado «Servicios en ejecución», «Procesos en ejecución» o similar, donde se muestran:
- Las aplicaciones que están activas en ese momento.
- Los servicios asociados a cada una.
- La cantidad de memoria RAM que consume cada proceso.
Esta vista es muy útil para localizar apps recién instaladas que estén usando demasiados recursos sin justificación. Si acabas de bajar, por ejemplo, una app de uso puntual y ves que mantiene varios servicios tragando RAM, quizá te convenga limitarla o directamente desinstalarla.
En algunas capas de Android también puedes ver procesos en segundo plano desde ajustes de batería o memoria, donde se listan las apps que más recursos usan. Estos datos son la base para decidir sobre qué aplicaciones merece la pena actuar y cuáles puedes dejar en paz sin miedo.
Métodos inmediatos para parar apps recién instaladas en segundo plano
Cuando una app recién instalada empieza a dar guerra (el móvil se queda pensando, notas tirones, la batería baja de golpe…), lo normal es que quieras cortarla de raíz en ese momento. Android ofrece varias vías nativas para detener aplicaciones sin necesidad de instalar nada extra.
El método más directo es entrar en la ficha de la aplicación problemática desde los ajustes:
- Ve a Ajustes > Aplicaciones (o «Apps»).
- Busca en la lista la app que acabas de instalar y que está dando problemas.
- Entra en su detalle y pulsa en Forzar detención.
Al hacer esto, se interrumpe de inmediato la ejecución de la app y sus servicios asociados. Es una especie de «apagado de emergencia» que suele resolver cuelgues y comportamientos extraños. El inconveniente es que nada impide que la app vuelva a arrancar en segundo plano más adelante, por ejemplo al reiniciar el móvil o al recibir una notificación push.
Si simplemente tienes demasiadas cosas abiertas, también puedes tirar del menú de aplicaciones recientes de Android:
- Pulsa el botón de apps recientes o desliza desde la parte inferior (según los gestos de tu móvil).
- Verás una galería con las aplicaciones abiertas recientemente.
- Desliza fuera de la pantalla las que no quieras mantener o utiliza el botón «Cerrar todo» si tu capa lo incluye.
Este gesto saca la app de la multitarea y puede liberar algo de memoria, pero no siempre significa que todos sus procesos en segundo plano se hayan detenido. En muchas ocasiones la interfaz se cierra, pero el servicio principal sigue activo para recibir notificaciones o seguir sincronizando.
Por eso, cuando una app recién instalada se pone especialmente pesada, lo más efectivo suele ser forzar detención desde su ficha de ajustes. Y si encima es una aplicación prescindible, lo más sensato es desinstalarla para que deje de ocupar espacio y de generar procesos inútiles.
Limitar procesos en segundo plano desde las opciones de desarrollador

Si quieres apretar aún más las tuercas, Android incluye en las opciones de desarrollador un ajuste para marcar cuántos procesos en segundo plano permite el sistema como máximo. Es un control global, muy potente, que conviene usar con cierta prudencia.
Para llegar a ese parámetro, basta con seguir estos pasos una vez tengas el modo desarrollador activado:
- Entra en Ajustes > Opciones de desarrollador.
- Desplázate hasta encontrar la opción Limitar procesos en segundo plano (o un nombre parecido).
- Al pulsar, verás varias alternativas, desde el límite estándar hasta no permitir ninguno o fijar un número muy pequeño.
Una de las opciones más drásticas es escoger «Sin procesos en segundo plano». Esto hace que, en cuanto salgas de una aplicación, Android la cierre por completo y no la deje viva por detrás, lo que puede resultar útil en situaciones límite, por ejemplo cuando te queda muy poca batería y quieres exprimirla al máximo.
También puedes seleccionar que se mantenga un máximo reducido de procesos activos. De esta forma, las apps que menos utilizas se irán cerrando antes de lo habitual, mientras que las que abras a menudo intentarán sobrevivir en la memoria. El inconveniente es que este ajuste se aplica a todo el sistema: no permite elegir app por app cuáles respetar y cuáles no.
Si en cualquier momento te arrepientes de una configuración tan agresiva, puedes volver al comportamiento original repitiendo la ruta y seleccionando «Límite estándar». Desde ese instante, la gestión de procesos regresará al modo automático que venía de fábrica.
Este límite global es especialmente útil si instalas muchas apps nuevas y no quieres ir vigilándolas una a una: Android se encargará de ir podando procesos en segundo plano de manera automática. Eso sí, a costa de perder algo de inmediatez en notificaciones y en el cambio entre aplicaciones.
Optimización de batería y restricciones automáticas de Android
Con las versiones modernas del sistema, Google ha ido incorporando funciones como Doze y otros mecanismos de ahorro de energía que analizan tu forma de usar el móvil y adaptan la actividad en segundo plano de las apps. Esto viene de lujo para controlar aplicaciones recién instaladas que apenas utilizas pero que, de entrada, querrían estar todo el día despiertas.
En la mayoría de móviles encontrarás un apartado de Batería o algo como «Cuidado del dispositivo», «Mantenimiento», etc. Dentro suelen aparecer opciones del tipo:
- Optimización de batería por aplicación, donde el sistema decide cuándo permitir o frenar la actividad en segundo plano.
- Listas de apps con restricción adaptativa, que se limitan automáticamente si casi no las usas.
- Modos de ahorro de energía global que recortan tareas en segundo plano cuando la batería baja de cierto porcentaje.
Para ajustar el comportamiento de una app recién instalada desde estos menús, en muchos dispositivos puedes hacer algo como lo siguiente:
- Abre Ajustes > Aplicaciones y entra en la app que quieras controlar.
- Busca el apartado Batería o «Uso de batería».
- Selecciona una opción de optimización o un modo que limite su actividad cuando no la tienes abierta.
En otros casos la ruta es al revés: desde Ajustes > Batería accedes a una lista de apps y puedes activar o desactivar la optimización para cada una. Algunos fabricantes añaden su propia función de hibernación o suspensión de aplicaciones, donde eliges qué apps se duermen por completo cuando apagas la pantalla y sólo se despiertan cuando las abres manualmente.
La gran ventaja de estas funciones es que automatizan buena parte del control sobre las apps menos utilizadas. Android aprende qué abres cada día y qué instalaste por probar y luego olvidaste, de modo que las recién instaladas que no tocas acaban con fuertes restricciones en segundo plano, mejorando rendimiento y autonomía sin que tengas que estar pendiente.
Eso sí, no todos los fabricantes lo hacen igual: hay capas de personalización (como algunas versiones antiguas de MIUI, EMUI, One UI, ColorOS, etc.) que son muy agresivas y cierran apps en segundo plano incluso cuando al usuario le gustaría mantenerlas vivas. Otras son más permisivas. Por eso es buena idea investigar a fondo la sección de batería de tu móvil para entender exactamente qué está haciendo el sistema con tus aplicaciones.
Trucos específicos en capas como MIUI, EMUI, One UI y similares
Además de las opciones genéricas de Android, muchas marcas añaden herramientas propias para gestionar qué apps se cierran o se mantienen en segundo plano. Estas funciones pueden servir tanto para impedir que se cierren (por ejemplo, mensajería) como para asegurarte de que otras recién instaladas no se quedan vivas más de la cuenta.
En móviles Xiaomi, Redmi o POCO con MIUI, así como en dispositivos de OPPO (ColorOS), realme (realme UI) y otros, suele existir la posibilidad de bloquear aplicaciones en la multitarea para que el sistema no las cierre automáticamente. Los pasos exactos varían según el modelo, pero el flujo general es muy parecido:
- Accede a la vista de apps recientes, ya sea con el botón dedicado o mediante gestos.
- Localiza la app que quieres mantener en segundo plano (por ejemplo, WhatsApp, Telegram o tu correo).
- Mantén pulsada la ventana de la app o toca el icono superior hasta que aparezca un icono de candado.
- Pulsa en ese candado para bloquearla y evitar que el sistema la cierre al limpiar memoria.
De esta forma indicas al sistema qué apps son prioritarias y deben seguir teniendo permiso para funcionar por detrás. Al instalar nuevas aplicaciones, conviene revisar de vez en cuando esta pantalla para asegurarte de que no se han colado apps recién instaladas con comportamientos que no te interesan.
En los móviles Samsung con One UI también hay funciones muy específicas de gestión, como «Aplicaciones en suspensión profunda». Las apps que añades ahí quedan prácticamente congeladas: no pueden mantenerse abiertas en segundo plano y se cierran siempre que sales de ellas, lo que reduce consumo pero implica que no recibirás notificaciones hasta que las abras.
Para revisar esta configuración en un Samsung (la ruta puede cambiar ligeramente según la versión de One UI), suele ser algo parecido a:
- Abrir Ajustes > Cuidado del dispositivo o «Mantenimiento del dispositivo».
- Entrar en la sección Batería.
- Buscar «Administración de energía» y luego «Aplicaciones en suspensión profunda» o «Aplicaciones siempre en suspensión».
Ahí podrás comprobar si alguna app importante ha acabado en esa lista sin que te dieras cuenta, y sacarla para que vuelva a funcionar en segundo plano. También puedes añadir apps recién instaladas que no te interesan en absoluto para que el sistema las «mate» siempre que salgas de ellas.
Si sospechas que alguna configuración de estas capas está provocando cierres raros o falta de notificaciones, una buena idea es activar el modo seguro del móvil durante un rato. Así compruebas si el problema viene de una app que has instalado tú o de la propia personalización del fabricante.
Opciones avanzadas: comprobación de uso en segundo plano y acceso especial
Dentro de las opciones de desarrollador también puede aparecer una función llamada algo como «Comprobación de uso en segundo plano». Lo que hace es forzar el cierre de ciertas apps que el sistema considera problemáticas para ahorrar aún más batería.
Si entras en este apartado y ves que alguna de tus aplicaciones favoritas o críticas está marcada, puedes desactivar el interruptor para que deje de cerrarse sola. Es especialmente útil cuando una app que usas mucho deja de enviarte notificaciones o parece que se cierra cada dos por tres sin razón.
Por otra parte, en los ajustes de Android suele existir una sección llamada «Acceso especial» dentro de Aplicaciones. Ahí se agrupan permisos especiales como optimización de batería, acceso a uso, superposición sobre otras apps, etc., que afectan mucho al comportamiento en segundo plano.
Desde esa pantalla puedes controlar, por ejemplo, qué apps no deben someterse a optimización de batería porque necesitan funcionar siempre (mensajería, correo), y cuáles sí quieres restringir al máximo, como muchas aplicaciones recién instaladas de uso esporádico.
Cerrar, inhabilitar o desinstalar apps concretas que molestan en segundo plano
Más allá de los ajustes globales, muchas veces lo que necesitas es actuar sobre unas pocas aplicaciones concretas que se han pasado de la raya. Ahí es donde entran en juego las acciones individuales sobre cada app desde Ajustes > Aplicaciones.
En la ficha de cada aplicación puedes hacer varias cosas interesantes:
- Usar «Forzar detención» para apagarla en seco cuando está causando cuelgues o consumiendo demasiado.
- Pulsar «Desinstalar» si es una app que no necesitas y de la que te quieres deshacer por completo.
- En el caso de apps del sistema o preinstaladas que no se puedan borrar, elegir «Inhabilitar» para que dejen de ejecutarse y desaparezcan del cajón de aplicaciones.
Esta última opción es muy útil para luchar contra el bloatware que traen muchos móviles: aplicaciones que no has pedido, que casi nunca usas y que, sin embargo, se ejecutan en segundo plano y consumen recursos sin aportar nada. Al inhabilitarlas, Android las trata como si no existieran a efectos prácticos.
En algunas versiones de Android también encontrarás atajos desde la sección de batería para indicar que una app debe detenerse de verdad cuando la cierras. Dependiendo de la marca, puede aparecer como «hibernación de aplicaciones», «apps inactivas» o similar, pero la idea es siempre la misma: marcar qué apps se pueden congelar cuando la pantalla está apagada.
Con todo esto consigues algo muy valioso: decidir tú qué apps recién instaladas tienen permiso para seguir vivas por detrás y cuáles sólo se activan cuando las abres. Eso sí, con cuidado de no hibernar servicios críticos de los que dependes para recibir avisos importantes.
¿Sirven de algo las apps de terceros para hibernar aplicaciones?
Si las opciones nativas de Android se te quedan cortas o simplemente prefieres una interfaz única donde manejarlo todo, puedes recurrir a aplicaciones de terceros diseñadas para hibernar o congelar apps. Son especialmente interesantes para usuarios avanzados, aunque ya no son tan imprescindibles como antes.
Una de las más conocidas es Greenify. Se hizo popular entre quienes usaban root, pero con el tiempo ha ido ofreciendo funciones que no requieren privilegios especiales para tareas básicas, como poner en reposo apps problemáticas cuando no las estás usando.
El funcionamiento típico de Greenify pasa por:
- Instalar la app y conceder los permisos que pide (accesibilidad, administrador de dispositivo, etc.).
- Indicar si tu móvil tiene root o no, lo que determina hasta dónde puede llegar.
- Desde la pantalla principal, pulsar en el icono «+» y marcar las aplicaciones que quieres hibernar, incluidas las recién instaladas que más molestan.
- Configurar para que Greenify las ponga en reposo automáticamente cuando apagas la pantalla o tras cierto tiempo de inactividad.
Otra herramienta clásica es Titanium Backup, orientada a usuarios con root. Además de hacer copias de seguridad profundas, permite congelar apps para que dejen de ejecutarse y puedas reactivarlas más adelante sin perder datos. Es algo similar a inhabilitar desde ajustes, pero con más flexibilidad.
Con todo, conviene ser realista: Android ha mejorado muchísimo en la gestión automática de procesos y batería. Para la mayoría de usuarios, las herramientas nativas de optimización, junto con un poco de sentido común a la hora de instalar y desinstalar, son suficientes. Las apps de terceros tienen sentido si eres de los que prueban muchas aplicaciones, te gusta trastear o necesitas un control extremadamente granular.
Cuándo es buena idea cerrar apps… y cuándo puede ser un tiro en el pie
Después de todo lo anterior puede que te entren ganas de ir cerrando cualquier app que se mueva en segundo plano. Sin embargo, hacerlo de manera compulsiva no sólo es innecesario, sino que en algunos casos puede empeorar las cosas.
Android está diseñado para mantener en memoria las apps que usas con frecuencia, porque reabrirlas desde cero gasta más recursos que dejarlas medio preparadas. Si te dedicas a forzar la detención de esas aplicaciones varias veces al día, el sistema tendrá que trabajar más para cargarlas una y otra vez, con el consiguiente impacto en batería y tiempo de carga.
Además, hay categorías de apps que necesitan sí o sí cierta actividad en segundo plano para ser útiles: mensajería instantánea, correo electrónico, redes sociales, apps bancarias que envían alertas, servicios de copia en la nube, etc. Si las bloqueas o las hibernas en exceso, corres el riesgo de dejar de recibir mensajes, correos o notificaciones críticas.
Lo razonable es aplicar un enfoque equilibrado: usar las opciones del sistema y, si lo ves necesario, herramientas de terceros para domar sobre todo las aplicaciones recién instaladas y las que apenas usas, mientras respetas aquellas que sí te aportan valor en tiempo real.
También es importante entender los límites: si tu móvil es muy justo de hardware o viene cargado de bloatware de fábrica, quizá te compense más desinstalar e inhabilitar lo que no usas, revisar actualizaciones del sistema o incluso plantear un restablecimiento de fábrica que confiarlo todo al cierre masivo de apps.
Cuidar qué se ejecuta en segundo plano, especialmente entre las apps recién instaladas, es algo así como tener la casa recogida: no hace falta estar barriendo cada cinco minutos, pero sí conviene hacer limpieza regular y decidir qué se queda y qué se va para que el móvil vaya fluido, la batería dure y las notificaciones sean las justas.