- Disney estuvo a punto de comprar Twitter para usarlo como su principal canal de distribución de contenidos a nivel mundial.
- Bob Iger canceló la operación el mismo día de la firma al considerar que la red social sería una distracción negativa.
- La lista de deseos de la compañía también incluía a James Bond y una posible fusión con el gigante tecnológico Apple.
A lo largo de los últimos años, la factoría de los sueños ha ido engullendo empresas a un ritmo de vértigo, pero no todos los peces gordos terminaron en sus redes. Aunque nos hemos acostumbrado a ver a Mickey Mouse de la mano con los superhéroes de Marvel o los jedis de Star Wars, lo cierto es que Twitter estuvo a puntito de formar parte de su imperio mediático de forma muy seria, llegando a estar a un solo paso de cerrar el acuerdo definitivo.
Bob Iger, el veterano ejecutivo que ha llevado las riendas de la empresa durante una de sus épocas más expansivas, ha soltado algunas perlas interesantes sobre este asunto. Según ha contado en una charla reciente, el plan para hacerse con la red social no era un simple capricho de directivo, sino que se buscaba una plataforma de distribución global que permitiera a Disney llegar directamente a los usuarios de todo el mundo sin depender de terceros, algo que habría cambiado el cuento tal y como lo conocemos hoy.
El arrepentimiento de Bob Iger antes de firmar
La operación estaba tan avanzada que incluso el precio de salida parecía bastante razonable para los estándares de estas megacorporaciones, pero los nervios de última hora le jugaron una mala pasada a la cúpula de Disney. El propio Iger ha reconocido que, justo la mañana en la que debían estampar la firma, decidió echarse atrás por miedo a las distracciones que una red tan compleja y ruidosa como Twitter podría generar dentro de una compañía centrada tradicionalmente en el entretenimiento familiar.
Este movimiento dejó vía libre para que, tiempo después, el magnate Elon Musk entrara en escena con sus propios planes, transformando la plataforma en lo que hoy conocemos como X. Si la compra se hubiera materializado, es muy probable que el enfoque de la red social hubiera sido otro muy distinto, centrado en el contenido de calidad y la promoción de sus propias franquicias cinematográficas en lugar de los cambios tan drásticos que ha sufrido recientemente bajo el mando del dueño de Tesla.
James Bond y Apple: los otros peces que se escaparon
Twitter no fue el único nombre en esa famosa lista de la compra que Iger manejaba en su despacho para ampliar el imperio del ratón. El directivo ha confesado que tenían entre ceja y ceja los derechos de James Bond, el agente secreto más famoso de la historia del cine, pero en esa ocasión fue Amazon quien se les adelantó por la izquierda. Resulta curioso imaginar al agente 007 compartiendo catálogo con las princesas animadas, algo que finalmente se quedó en agua de borrajas.
Además de los espías británicos, también hubo ciertos acercamientos para una posible fusión con Apple, una idea que siempre ha rondado la cabeza de los analistas de Wall Street. Aunque se produjeron conversaciones internas y algunos contactos entre ambas empresas, el gigante tecnológico no mostró el interés suficiente para llevar a cabo una de las uniones más potentes de la historia. Iger incluso llegó a comentar que, si Steve Jobs siguiera entre nosotros, quizás la historia se habría escrito de una manera muy diferente debido a la gran sintonía que existía entre ambos líderes.
Al final, aunque Disney no consiguiera tachar todos los nombres de su lista de adquisiciones, su estrategia de expansión ha dejado una huella imborrable en la industria del entretenimiento. El hecho de que decidieran priorizar su identidad corporativa frente a compras arriesgadas demuestra que, incluso en los niveles más altos de las finanzas, a veces es mejor dejar pasar una oportunidad si esta no encaja al cien por cien con los valores de la casa, evitando así meterse en berenjenales que podrían haber empañado la imagen de la marca más conocida del mundo.