Durante años nos hemos acostumbrado a subirnos al coche, enchufar el móvil y tener en la pantalla del salpicadero nuestras apps de mapas, música y mensajería gracias a Android Auto y Apple CarPlay. Tanto, que muchos conductores ya preguntan por estas funciones antes incluso que por la potencia del motor o el tamaño del maletero.
Ese paisaje tan cómodo está empezando a cambiar. Algunos fabricantes importantes, con General Motors a la cabeza, han decidido poner fecha de caducidad a CarPlay y Android Auto en sus nuevos modelos y apostar por plataformas propias basadas en Android Automotive y asistentes de inteligencia artificial como Google Gemini. Un giro que va mucho más allá de la mera tecnología y que tiene mucho que ver con control de datos, negocio y hasta con el futuro de la radio tradicional en el coche.
General Motors se desmarca: adiós a CarPlay y Android Auto

La gran sacudida llega de la mano de General Motors (GM), el gigante estadounidense dueño de marcas como Chevrolet, Cadillac o GMC. La compañía ya había empezado a retirar CarPlay y Android Auto de parte de su gama eléctrica, pero ahora ha confirmado que la eliminación será total y afectará también a los coches de combustión.
Mary Barra, consejera delegada de GM, ha explicado en una entrevista con The Verge que la empresa trabaja en una nueva plataforma informática centralizada que debutará en 2028. Esa arquitectura unificará toda la parte digital del vehículo y, con su llegada, los nuevos modelos dejarán de ofrecer la clásica proyección del smartphone en la pantalla.
Según Barra, el motivo oficial es que alternar entre el sistema nativo del coche y CarPlay o Android Auto resulta engorroso e incluso puede distraer. Bajo esa premisa, GM quiere que el conductor lo haga todo desde un único entorno, sin tener que estar cambiando de interfaz al volante.
En la práctica, esto significa que los coches de GM irán abandonando progresivamente la compatibilidad con ambos sistemas móviles a medida que cada modelo se renueve según su propio ciclo de actualización. Con más de cuarenta vehículos en catálogo, el proceso será escalonado, pero la dirección está clara: el futuro de GM no pasa por depender de Apple ni de Google para mostrar lo que hay en tu móvil.
Los vehículos ya vendidos o los que hoy siguen ofreciendo estas funciones mantendrán CarPlay y Android Auto mientras no cambien de generación. El corte llegará con los nuevos lanzamientos y restylings importantes, empezando por modelos emblemáticos como el Cadillac Escalade IQ.
Un ecosistema propio basado en Android Automotive y Google Gemini

La clave de esta apuesta es que GM no va a dejar la pantalla del coche desangelada. En lugar de proyectar el móvil, la marca está construyendo un ecosistema propio sobre Android Automotive, una versión de Android diseñada para funcionar directamente en el vehículo, sin necesidad de smartphone.
Sobre esa base, GM integrará un asistente avanzado respaldado por Google Gemini, capaz de entender órdenes de voz complejas y de interactuar con distintas funciones del coche. La idea es que el conductor pueda pedir rutas, cambiar la música o ajustar configuraciones de conducción sin tocar el teléfono, e incluso sin tener que mirarlo.
Este sistema permitirá acceder a servicios como Google Maps, Spotify o YouTube Music directamente desde el centro multimedia, usando la conexión de datos del propio vehículo. En algunos casos, incluso se menciona soporte para herramientas como Apple Wallet, pero siempre ejecutadas desde el software del coche, no como una simple “pantalla espejada” del móvil.
GM insiste en que no pretende encerrar al usuario en un jardín amurallado. Sterling Anderson, nuevo responsable de producto de la compañía, ha defendido que seguirán utilizando los servicios de Google Automotive con acceso a Play Store, permitiendo descargar un buen número de aplicaciones y ampliando el catálogo con el tiempo.
La gran diferencia es que el centro de gravedad ya no será el smartphone, sino el coche. Será el vehículo el que ofrezca las apps y la experiencia digital, y el teléfono quedará relegado a funciones más básicas, como llamadas o reproducción de audio vía Bluetooth, especialmente en el caso de los usuarios de iPhone, que perderán CarPlay.
Control de datos, negocio y suscripciones: lo que hay detrás del cambio

Más allá del discurso oficial sobre la seguridad y la simplicidad, en la industria se da por hecho que el gran motivo de fondo es el control del ecosistema digital y de los datos del usuario. Mientras la experiencia del coche depende del móvil, buena parte de la información sobre tus hábitos de conducción, rutas, gustos musicales o patrones de uso termina en los servidores de Apple y Google.
Si el sistema que manda es el del vehículo, son las marcas quienes pueden gestionar directamente esos datos, analizar comportamientos y ofrecer servicios de pago o suscripciones dentro de su propia plataforma. Desde paquetes de conectividad hasta navegación avanzada, funciones extra de conducción o contenidos multimedia, todo puede empaquetarse y monetizarse con mayor margen.
En este contexto, la pantalla central del coche deja de ser un mero soporte para mapas y música para convertirse en un escaparate de servicios digitales con los que los fabricantes buscan diferenciarse y ganar dinero. Si la interfaz protagonista es la del móvil, ese negocio se diluye. Si lo controlan desde el coche, la historia cambia por completo.
No es casual que Tesla y Rivian, dos marcas nativas de la era eléctrica y conectada, nunca hayan ofrecido compatibilidad con CarPlay ni Android Auto. Apostaron desde el principio por sistemas cerrados e integrados, donde toda la interacción digital se realiza a través del software propio del coche, con una coordinación muy estrecha entre instrumentación, funciones del vehículo y entretenimiento.
Otros fabricantes, como BMW, aportan además sus propios datos: según la marca alemana, la mayoría de sus clientes apenas utiliza CarPlay y Android Auto para la navegación y prefiere el navegador integrado, recurriendo a las plataformas de Apple y Google sobre todo para gestionar mensajes. Estas cifras sirven de argumento para reforzar la apuesta por sistemas nativos cada vez más completos.
Impacto en España: tranquilidad a corto plazo, dudas a largo plazo
Si conduces en España, es lógico preguntarse cuánto te afecta todo esto. En el caso concreto de GM, el impacto inmediato es prácticamente nulo. La compañía dejó de operar directamente en nuestro país cuando vendió Opel al Grupo PSA en 2017, y esa operación se integró después en Stellantis.
Desde entonces, Opel España funciona como una entidad separada, con sus propios responsables y su propio calendario de desarrollo. Nada que ver con la estrategia digital de Mary Barra al frente de General Motors. Esto significa que modelos populares aquí, como Corsa, Astra, Crossland o Grandland, seguirán ofreciendo compatibilidad con CarPlay y Android Auto tal y como la conocemos.
De momento, ningún fabricante con presencia fuerte en el mercado español ha anunciado planes claros para eliminar estas plataformas en sus modelos venideros. Puedes respirar relativamente tranquilo: si te compras hoy un coche nuevo de la mayoría de marcas habituales, casi seguro que seguirá siendo compatible con tu móvil.
La duda razonable está en el medio y largo plazo. El movimiento de GM crea un precedente y lanza un mensaje potente al resto de la industria: es posible prescindir de CarPlay y Android Auto si ofreces un sistema propietario lo bastante completo. Si la jugada les sale bien y los clientes se adaptan sin demasiadas quejas, no sería raro que otros grupos se animaran a recorrer el mismo camino.
Por eso conviene estar atento a los anuncios de cada marca y, sobre todo, no dar por hecho que todos los coches del futuro seguirán “hablando” tan bien con tu smartphone como los actuales. Lo que hoy es casi un estándar, mañana puede convertirse en un extra o, directamente, desaparecer de algunos catálogos.
Qué cambia para el conductor que vive enganchado al móvil
Cuando Android Auto y CarPlay aterrizaron en los coches, el panorama era muy distinto: las pantallas integradas eran lentas, poco intuitivas y raramente se actualizaban. Conectar el teléfono por cable, y después de forma inalámbrica, fue como pasar de la noche al día.
De golpe, tenías tus mapas habituales, tu servicio de música favorito y tus mensajes en una interfaz que ya conocías, con iconos grandes y un asistente de voz que funcionaba mucho mejor que el del coche. El navegador de serie quedó en un segundo plano y el móvil pasó a mandar en el salpicadero.
Si ahora esa proyección desaparece y la interfaz dominante vuelve a ser la del fabricante, se rompe una sensación de continuidad que muchos conductores valoraban. Hasta ahora, cambiar de coche pero mantener el mismo móvil garantizaba una experiencia muy parecida entre modelos y marcas.
Con sistemas cerrados por fabricante o plataformas basadas en Android Automotive sin proyección del teléfono, tu comodidad dependerá de lo que haya decidido desarrollar cada marca: qué apps incluye, cómo organiza los menús, cómo responde el sistema y cada cuánto se actualiza el software.
A eso se suma el eterno debate de la privacidad y los pagos recurrentes. Cuando el que manda es el sistema del coche, es más sencillo que funciones que antes dabas por hechas gracias al móvil terminen ligadas a suscripciones, cuentas adicionales o recopilación de datos poco transparente para el usuario medio.
Qué mirar si vas a cambiar de coche en los próximos años
Si estás pensando en estrenar coche en un futuro cercano, conviene que no te quedes solo con el consumo, el espacio o la ficha técnica. El sistema de infoentretenimiento se ha convertido en una pieza clave del día a día, y las diferencias entre unas marcas y otras pueden ser enormes.
Antes de decidirte, merece la pena comprobar con calma si el modelo que te gusta mantiene compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto, si lo hace por cable, de manera inalámbrica o de ambas formas, y qué ofrece el sistema propio cuando no conectas ningún dispositivo, incluyendo opciones de mapas GPS sin conexión.
Si el coche apuesta ya por un entorno nativo sin proyección del móvil, es todavía más importante que pidas una demostración a fondo. Probar en persona la interfaz, navegar por los menús, comprobar si hay retrasos al tocar la pantalla y revisar qué aplicaciones están disponibles puede ahorrarte bastantes disgustos después.
Y si eres de los que usa el móvil para absolutamente todo, quizá te interese valorar modelos que sigan apostando claramente por CarPlay y Android Auto, al menos mientras la industria decide hasta qué punto va a abrazar los sistemas cerrados y las plataformas propias.
El papel de la radio en el coche conectado: una tormenta silenciosa
Todo este rediseño del salpicadero digital tiene un invitado incómodo: la radio hertziana de toda la vida, tanto en FM como en DAB+. Mientras los fabricantes y Google hablan de asistentes inteligentes, apps y servicios conectados, el futuro de la radio tradicional dentro del coche se mueve en terreno pantanoso.
Las radios públicas y distintos organismos del sector ya han alzado la voz ante una amenaza muy concreta: que los nuevos sistemas de entretenimiento prioricen solo la radio online y dejen fuera la recepción por ondas, por considerarla “vieja” o poco alineada con el modelo de negocio digital.
Algunos países han empezado a reaccionar. En Reino Unido e Italia, por ejemplo, se han aprobado leyes que obligan a mantener receptores de radio hertziana en los vehículos nuevos, garantizando un mínimo de protagonismo a este medio. El argumento es sencillo: la radio por aire es fundamental en situaciones de emergencia, cuando internet puede fallar.
Radioplayer, el consorcio que agrupa a grandes operadores de radio de todo el mundo, negocia con Google para buscar fórmulas que permitan integrar la DAB+ y la radio hertziana en los coches conectados. Pero las diferencias tecnológicas y los intereses económicos no lo ponen fácil, y existe el riesgo de que al final solo quede sitio para la radio por streaming.
Si los coches del futuro solo ofrecen radio online, la infraestructura de postes y repetidores que cubre las principales carreteras quedaría en entredicho. Bastaría con reforzar la red de datos móviles en esas rutas, o alternativas como Starlink. Algo que choca con las recomendaciones de organismos internacionales, que insisten en que la radio “por aire” debe seguir presente para garantizar información fiable cuando más se necesita.
¿Estamos ante el principio del fin de CarPlay y Android Auto?
A pesar de estos movimientos, dar por muertos a CarPlay y Android Auto sería exagerado. Millones de conductores los usan a diario y muchas marcas siguen viéndolos como un gran argumento de venta, sobre todo en gamas medias donde el usuario valora mucho la familiaridad con su móvil.
Lo que sí parece claro es que la industria está reconsiderando el papel del smartphone dentro del coche. Algunos fabricantes, como GM, Tesla o Rivian, apuestan abiertamente por sistemas cerrados y totalmente integrados. Otros refuerzan sus plataformas propietarias, pero mantienen la compatibilidad como opción, al menos mientras el mercado lo siga reclamando.
En paralelo, existe todo un ecosistema de soluciones externas: dispositivos que permiten añadir Android Auto o CarPlay a vehículos que no los incorporan de serie, o que mejoran la experiencia en coches algo más antiguos. Esto mantiene viva la demanda y demuestra hasta qué punto los usuarios valoran poder llevarse su entorno digital de un coche a otro.
Las próximas decisiones de los grandes grupos automovilísticos marcarán cuánto espacio conservarán las plataformas ligadas al móvil y cuánto terreno ganarán los desarrollos propios. No es una discusión menor: de ello depende que sigamos disfrutando de una experiencia coherente al cambiar de coche o que volvamos a un escenario fragmentado, distinto en cada marca.
Tal y como están las cosas, lo más sensato para cualquier conductor que dependa mucho del móvil es seguir el tema de cerca, preguntar mucho en el concesionario y tener claro que el tablero del coche se ha convertido en un campo de batalla entre fabricantes y gigantes tecnológicos, donde lo que está en juego son tus datos, tu comodidad y la forma en la que te moverás los próximos años.