TikTok cierra la cuenta de Simón Pérez tras la muerte en directo de su colega streamer Sergio Jiménez

  • TikTok ha eliminado la cuenta @simondesintoxicacion de Simón Pérez tras la muerte en directo de su colaborador Sergio Jiménez durante un reto con drogas y alcohol.
  • El perfil reunía miles de seguidores y se centraba en directos extremos ligados a supuestos procesos de desintoxicación y desafíos pagados por la audiencia.
  • Pérez arrastra años de polémicas, vetos en otras plataformas y una fuerte exposición pública de su consumo de sustancias y conductas autodestructivas.
  • El caso reaviva el debate sobre la responsabilidad de las redes sociales en la moderación de contenidos peligrosos y los límites del entretenimiento en directo.

TikTok cierre cuenta Simón Pérez

La red social TikTok ha cerrado la cuenta de Simón Pérez después de la muerte en directo de su colaborador y amigo Sergio Jiménez, de 37 años, durante un reto retransmitido ante miles de espectadores. El suceso, ocurrido en un contexto de desafíos extremos vinculados al consumo de drogas y alcohol, ha puesto de nuevo en el foco la cara más oscura de ciertos contenidos en streaming.

La decisión de la plataforma ha llegado en un momento en el que crecen las críticas a los directos donde se pagan retos peligrosos y se normaliza el uso de sustancias ante la cámara. Aunque TikTok no ha ofrecido una explicación detallada, la desaparición del perfil de Pérez se interpreta como una respuesta a la presión social y mediática generada tras la muerte de Jiménez.

El cierre de @simondesintoxicacion tras la muerte de Sergio Jiménez

La cuenta afectada, @simondesintoxicacion, se había abierto hace relativamente poco tiempo y ya reunía alrededor de 23.000 seguidores. Desde ese perfil, Simón Pérez emitía directos en los que mezclaba la narrativa de un supuesto proceso de desintoxicación con retos sugeridos por la audiencia, muchos de ellos vinculados al consumo de sustancias peligrosas.

Durante una de esas emisiones, Sergio Jiménez, conocido en redes como Sancho o Sssanchopanza, aceptó un desafío en el que habría consumido grandes cantidades de cocaína y alcohol en pocas horas, mientras los espectadores pagaban por ver hasta dónde llegaban los excesos. Esa retransmisión, que se desarrollaba en un tono de espectáculo, terminó derivando en una tragedia.

Según el propio Pérez ha relatado posteriormente en YouTube, le trasladaron que Jiménez llegó a tomar “6 gramos en 3 horas y una raya de 2 gramos”. Él mismo aseguró que ya le había advertido de que esa cantidad suponía una sobredosis, pero los retos, las donaciones y la lógica del directo siguieron empujando los límites. El fallecimiento de Jiménez se produjo en ese contexto, con la audiencia asistiendo en tiempo real.

Tras el suceso, la cuenta de TikTok fue eliminada sin previo aviso público. La compañía no ha ofrecido una nota oficial con los motivos concretos, pero el cierre se interpreta como una reacción directa a la combinación de contenidos extremos, consumo de drogas y un desenlace mortal emitido ante la audiencia.

Una figura marcada por la caída tras el vídeo viral de las hipotecas

Simón Pérez saltó a la fama en España en 2017 gracias a un vídeo viral sobre hipotecas fijas que grabó junto a su pareja, Silvia Charro. En aquella pieza, ambos aparecían en un evidente estado de alteración que se asoció al consumo de sustancias, mientras recomendaban productos hipotecarios con un tono desinhibido que corrió como la pólvora por redes y grupos de WhatsApp.

Aquel momento de fama súbita tuvo un coste altísimo: perdieron sus trabajos en banca y consultoría y pasaron de ser profesionales del sector financiero a convertirse en personajes recurrentes de la cultura del morbo digital. Desde entonces, su vida pública ha estado marcada por una espiral de decadencia, adicciones y apariciones polémicas en internet.

Con el tiempo, la pareja comenzó a depender económicamente de los directos, las visualizaciones y las donaciones de sus seguidores para poder llegar a fin de mes. Su día a día se transformó en una especie de reality permanente, en el que cada emisión buscaba ir un paso más allá para seguir generando interés, visitas y aportaciones económicas.

En ese ecosistema, Simón se convirtió en el centro de retos cada vez más extremos: lanzar impresoras y objetos por la ventana, destrozar mobiliario, aceptar desafíos humillantes o exponerse a situaciones que claramente podían poner en riesgo su integridad física y mental. La frontera entre espectáculo y autodestrucción se fue difuminando, con miles de usuarios animando, pagando y comentando cada escena.

Directos extremos, drogas y retos pagados por la audiencia

En los últimos años, el contenido de Simón Pérez se ha caracterizado por una exposición explícita de su consumo de drogas y alcohol. En distintas plataformas se hablaba con eufemismos de cocaína mientras se sucedían escenas en las que el deterioro físico y emocional del protagonista resultaba cada vez más evidente.

Los usuarios, lejos de frenar, muchas veces incentivaban estas dinámicas mediante donaciones. A cambio de dinero, Simón aceptaba pruebas degradantes o arriesgadas, en ocasiones relacionadas directamente con el consumo de sustancias. Él mismo ha explicado que hubo momentos en los que algunos espectadores llegaron a ofrecerle hasta mil euros si se metía de golpe dos gramos de cocaína, siendo consciente de que esa cantidad podía resultar letal.

En una intervención en el programa Espejo Público, Pérez relató que “la mayoría quiere que me muera en directo”, reflejando la lógica perversa que se había instalado en torno a su figura: cuanto más cerca del desastre, más interés, más clics y más dinero. En ese entorno, Sergio Jiménez se convirtió en un colaborador habitual, participando también en vídeos y emisiones con retos de alto riesgo.

La muerte de Jiménez ha hecho visible hasta qué punto el modelo de entretenimiento basado en retos extremos y en la humillación a cambio de donaciones puede desembocar en consecuencias irreparables. Lo que para muchos se había convertido en una especie de “serie” sin guion, acabó con una persona real perdiendo la vida ante la mirada de quienes pagaban por ver cómo aumentaba la apuesta.

Vetos en otras plataformas y refugio en YouTube

El cierre de la cuenta en TikTok no es el primer revés que Simón Pérez afronta en el ecosistema del streaming. Antes de esto ya había sido vetado en otras plataformas como Kick, Dlive o Pump.fun, donde su estilo directo, el contenido autodestructivo y el uso de drogas ante la cámara chocaron con las normas internas sobre seguridad y cumplimiento legal.

En el caso de Kick, la plataforma señaló a El País que sus normas obligan a cumplir las leyes y regulaciones de cada país, y que cuando un creador ya no está en el servicio y no se ha marchado por decisión propia, se puede inferir que se han tomado medidas por alguna violación de esas reglas. El mensaje, sin citar nombres, encajaba con el historial de emisiones polemicas de Pérez.

Mientras tanto, su presencia pública se ha ido concentrando en YouTube, la única gran plataforma donde continúa activo de forma estable tras los cierres y vetos en otros servicios. Desde allí ha comentado tanto el fallecimiento de Sergio Jiménez como la situación de su propia vida, insistiendo en que se siente expuesto a una audiencia que, en parte, busca precisamente el morbo del límite.

En uno de esos vídeos, al hablar de la muerte de su colaborador, aseguró que “me podía haber pasado a mí, le ha pasado a él” y defendió que, pese a todo, tiene la conciencia tranquila. También recordó que ya le había avisado de que ciertas cantidades de cocaína eran, según él, “sobredosis estudiadas”, aunque el propio formato de los directos y el incentivo económico empujaban a seguir subiendo la apuesta.

Escenas de amenazas, camellos y deudas en directo

El clima que rodea a los directos de Simón Pérez no se reduce únicamente al consumo de sustancias y los retos. En fechas recientes, se hizo viral un vídeo en el que, durante una de sus emisiones, unos supuestos camellos irrumpían en su vivienda para reclamarle una deuda pendiente, llegando incluso a amenazarle de muerte mientras la cámara seguía encendida.

En esa escena, Pérez llegó a pedir a sus seguidores que asumieran la responsabilidad económica, diciendo frases como “no me pegues más, que me lo tiene que dar esta gente”, ya con la cámara parcialmente tapada. El episodio mostró hasta qué punto su vida privada y sus problemas personales se habían convertido en material de espectáculo ante miles de espectadores.

Este tipo de situaciones han alimentado el debate sobre el papel de la audiencia como participante activa en una dinámica donde las donaciones no solo financian el contenido, sino que lo moldean y lo radicalizan; y donde algunos creadores emplean recursos para ocultar o alterar su identidad, como cambiar tu voz por el móvil. Cada aportación económica puede convertirse en una palanca para forzar una escena aún más extrema.

El caso de Simón y su entorno ilustra una tendencia preocupante en el ecosistema del streaming: la gamificación del riesgo. Las fronteras entre entretenimiento, vulnerabilidad personal y explotación de personas en situación de adicción o precariedad resultan cada vez más difusas cuando todo se retransmite, se comenta y se monetiza en tiempo real.

Silvia Charro y la vida convertida en espectáculo

La historia de Simón Pérez no puede entenderse sin mencionar a Silvia Charro, su pareja en aquel primer vídeo viral y compañera recurrente en muchos de sus contenidos posteriores. Ambos pasaron de ser perfiles técnicos del mundo financiero a personajes públicos sometidos a un escrutinio constante, con su deterioro personal expuesto en abierto.

Tras ser despedidos de sus trabajos, su día a día derivó en una estrategia de supervivencia basada en los directos y las donaciones. La creación de la cuenta de TikTok, @simondesintoxicacion, se presentó públicamente como un intento de reconducir la situación: los ingresos de los directos, según se explicaba, iban a destinarse a la rehabilitación de Simón.

Sin embargo, el contenido acabó alejándose de esa idea inicial. Los directos se llenaron de escenas de consumo, retos degradantes y situaciones de tensión que, lejos de apuntar a una desintoxicación real, reforzaban la narrativa del exceso y la autodestrucción, precisamente la que más atención generaba en redes.

La combinación de precariedad económica, exposición pública y adicción convirtió la vida de la pareja en una especie de serie en directo sin guion, en la que cada nuevo episodio debía superar al anterior para no perder audiencia. Esa dinámica ha sido clave para entender cómo se llegó al punto en el que un colaborador, como Sergio Jiménez, terminó falleciendo en pleno directo.

Todo lo ocurrido en torno a Simón Pérez, Sergio Jiménez y el cierre de la cuenta de TikTok dibuja un fenómeno que va más allá de un caso aislado: muestra cómo el modelo de directos extremos, retos pagados y consumo de sustancias llevado al límite puede acabar con tragedias reales, mientras las plataformas reaccionan a posteriori con cierres de cuentas y vetos. El debate sobre hasta dónde deben llegar las redes en la moderación de estos contenidos, el papel de la audiencia y la responsabilidad de convertir la vulnerabilidad y la adicción en espectáculo sigue más abierto que nunca en España y en Europa.

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